27 de abril de 2018

QUÉ HAGO YO AQUÍ



Durante todo el tiempo que llevaba en aquella abrumadora ciudad se había sentido millones de veces de aquél modo.

Llegó con una maleta llena de sueños y con el dinero que sus padres habían ido ahorrando desde el día que nació.

- ¿Seguro Rita? ¿Tienes claro en qué quieres invertir ese dinero? – le dijo su madre meses antes de marcharse.

- Mamá déjame intentarlo, y si no lo consigo te prometo que te devolveré hasta el último céntimo trabajando en otra cosa, pero sabéis que este es mi sueño, lo que siempre quise, y siempre me dijisteis que no me conformara con menos – su rotundidad había convencido a sus padres, que tenían toda la confianza en su hija pequeña.

Cuántas mañanas Rita recordaba aquellas palabras, mientras se duchaba y se preparaba un café para coger fuerzas y salir a aquella jungla de ciudad que había escogido para triunfar. Las mañanas en las que tenía una audición eran emocionantes porque nunca sabía lo que pasaría y nunca perdía la esperanza. Pero en las que no había audición eran monótonas y difíciles, por suerte a ella siempre le gustó escribir y cuando no ensayaba, hacía deporte o quedaba con amigos, escribía. Les escribía cartas a sus padres en las que les contaba con todos los detalles su día a día en Nueva York.

“papás esta ciudad se te come, su ruido, su gente, sus colores, sus olores, esa pasividad ante lo que pasa a tú alrededor, da igual que dos hombres se peguen, da igual que a una mujer mayor se le desparrame la compra por el suelo, da igual que los bomberos pasen 125 veces cada día, nadie separa a los que se pegan, nadie ayuda a recoger la compra de esa señora, nadie se fija en que el bombero de la tercera ventanilla del camión es el hombre más guapo que he visto en mi vida, y a mí que me fijo en todo porque soy de pueblo y los de pueblo nos fijamos en todo lo que ocurre a nuestro alrededor porque tampoco pasa tanto, a mí papás, esta ciudad me queda grande”.

La última audición había ido bien y aún no la habían llamado para decirle si o no, así que aún había esperanza, esos días posteriores la ilusión era otra, el café sabía distinto, Central Park era más verde y lo que escribía era mucho más alegre.

“hoy voy a ir  correr a Central Park, es el único lugar de esta ciudad en el que me siento un poco como en casa, bueno no, miento, la biblioteca de la Universidad de Columbia me recuerda a casa, y no porque se parezcan porque son bien distintas, pero tienen algo, quizás sean los libros alineados en las estanterías que al fin y al cabo y estén escritos en el idioma que estén escritos, son libros, creo que me he ido del tema, me voy por las ramas y nunca mejor dicho me voy de las ramas de Central Park, hoy estoy contenta porque aún no sé si me dan el papel o no, así que, como os decía iré a correr, aguanto unas dos horas, he mejorado mucho, ¿os acordáis cuando empezaba  que no aguantaba ni diez minutos seguidos? Y mirad ahora”
Antes de ir a correr acababa de recordar que tenía que hacer una gestión burocrática referente a su visado, así que se vistió con ropa no deportiva, cogió su mochila y salió a la jungla.

Cuando cruzó un semáforo oyó casi por casualidad el teléfono.

- ¿Si? – dijo tapándose el oído libre para escuchar lo que le iban a decir.

- ¿Es usted Rita? – le preguntó una voz al otro lado.

- Si, si, ¿quién es por favor? – tenía que ser de la audición seguro.

- Llamamos en referencia a la prueba que hizo el martes para hacer de campesina en la Bella y la Bestia, sentimos comunicarle que no le hemos dado el papel, pero le agradecemos su participación en el casting. – no podía ser verdad.

En aquél momento se sintió como un estúpido payaso, con su nariz roja destacando por encima de las cabezas de todas aquellas personas que la hacían sentir diminuta cada día de su vida desde que aterrizó en esa ciudad deshumanizada donde los sueños y su corazón se rompían cada vez que una voz al otro lado del teléfono le decía NO.

Pero no iba a desfallecer, no se iba a conformar con mil noes, iba a luchar por cumplir su sueño, Nueva York no iba a acabar con ella, ella iba a triunfar y se iba a levantar todas las veces que hiciese falta. Se negaba a aceptar que había perdido.

“yo voy a cumplir mi sueño antes o después”



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