18 de febrero de 2018

PRIMERA




-Primera – primera planta de las veinte que subía y bajaba cada día Lola para llegar al altísimo despacho de oficinas en el que trabajaba.

Aquella mañana tenía más sueño de lo normal, tomar una copa con sus amigas entre semana no había sido la mejor de las ideas. Bostezó cubriéndose la boca para no molestar al señor que tenía a dos milímetros, intentaba no tocarle lo más mínimo, tendrían que escalonar los horarios de entrada en las oficinas, pero no, todos a las nueves en punto, cada mañana Lola pensaba lo mismo.

Por fin llegaron a la planta quince y allí se bajó casi todo el mundo, Lola se arregló su aburrida chaqueta y se cambió el maletín y su bolsa de comida de mano. Sólo se quedó en el ascensor un señor y ella.

- Madre mía cuánta gente cabe en este ascensor, si un día se estropea en hora punta no me lo quiero ni imaginar – como era de buena educación mirar a las personas cuando te hablan, se quedó mirando a su único acompañante con una leve sonrisa. Era alto y fuerte y llevaba un bonito e impecable traje con un pañuelo rojo igual de impecable. Su maletín era de una marca carísima y sus zapatos ingleses dejaban ver un poco sus calcetines que eran del mismo rojo que su pañuelo.

- Si, espero que eso nunca ocurra, no me lo quiero ni imaginar – justo le contestó para ser simpática y el ascensor se paró de forma tan brusca que sin quererlo se abalanzó sobre él sin poder evitarlo, suerte que no llevaba puestos su tacones porque si no hubiese ido a parar encima de él en modo plancha.

- Vaya lo siento, es lo único que alcanzó a decirle, mientras le arrugaba su perfecto pañuelo rojo – en ese momento sentía sus mejillas del mismo color.

- No se preocupe, creo que se ha parado, en mala hora se me ha ocurrido decir lo que he dicho, ¿verdad? su sonrisa era maravillosa y a pesar de su porte parecía que no se había enfadado con ella.

- Bueno al menos estamos solos – cuando se ponía nerviosa le daba por decir estupideces, claro hombretón estamos solos encerrados en un ascensor y ahora ya podemos bailar un vals,…

- Eeehmm si, hay que ver el lado bueno de las cosas – que simpático y que bien le caía y eso que no sabía absolutamente nada de él.

- ¿Le faltaba mucho para llegar a su planta? – no sabía que decirle que situación más embarazosa.

- Pues tenía una reunión en la planta veinte con el Sr. Jackson – vaya era el Director General de su compañía en la que ella trabajaba como Assistant de Dirección de otro de los jefazos.
- Yo trabajo en la planta veinte, el Sr. Jackson es nuestro Director General – empezaba a hablar como una persona normal por fin.

De repente una voz sonó a través del altavoz del ascensor, la voz les dijo que no se preocuparan pero que la avería era grave y estaban haciendo lo posible para sacarles de allí, que tuvieran paciencia y guardasen la calma.

- Vaya parece que esto va para rato, me voy a sentar con su permiso, ¿me quiere acompañar?  - se iba a poner el traje perdido, y ella también pero por suerte llevaba pantalones así que sentarse no iba a ser ningún problema.

- ¿Porqué no? Tengo la comida del mediodía y agua, creo que aparte de café no nos falta de nada – se estaba relajando por momentos, aquél hombre la hacía sentir realmente bien.

- Perdone la indiscreción, tiene usted un precioso acento, ¿de dónde es? – educado era un rato, porque su acento podía ser muchas cosas pero precioso no era.

- Mi acento no es precioso, soy española llevo viviendo tres años en Nueva York, y aún tengo acento, eso no es bueno – le dijo haciendo una mueca con su boca.

- Bueno no sabía de dónde era usted así que no es malo y sí es un acento precioso, entre español y británico, mucho más elegante que el acento americano, o a mí me lo ha parecido.

- Soy Anthony Clark – estiró su mano para coger la mía y besármela, era la primera vez en toda su vida que un hombre le besaba la mano y le encantó.

- Lola, Lola Ávila, es un placer, ¿cree que alguien nos echará de menos?, no tengo cobertura y no puedo avisar, estaba nerviosa siempre había sido excesivamente cumplidora y no le gustaba no poder avisar a nadie.

- Bueno quizás si, a mí me esperaban y la persona para la que usted trabaja seguramente también, si usted fuese mi assistant yo la estaría echando de menos - ¿perdón? ¿se podía ser más amable?

El ascensor arrancó y empezó a bajar muy lentamente, los dos se quedaron callados mirándose.

- ¿No le parece que han arreglado este trasto demasiado rápido? Estaba muy a gusto hablando con usted, ¿quiere que comamos juntos? – no perdía el tiempo.

- ¿Hoy? Bueno será un placer – no tenían mucho tiempo antes de llegar así que se tiró a la piscina, aquél hombre le gustaba desde el primer momento en que lo vio.

El ascensor no tuvo piedad.

- Primera


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