25 de noviembre de 2017

LA CENA






- Clara no quiero móviles en la mesa ya lo sabes – mi padre era muy exigente con estos temas y no soportaba que las cenas se convirtieran en una pelea por culpa del móvil.

- ¡Papá un segundo estoy hablando con Bea! – dije con cara de tengo quince años y me toca contestarte mal, por las hormonas ya sabes.

- ¡Me trae sin cuidado, el móvil fuera de la mesa, habla con tú familia que a Bea la ves en el colegio todo el día! – el tono de mi padre iba subiendo mejor hacerle caso,…

- Pues mira ya que sacas el tema de hablar y ahora que estamos todos, mis hermanitos y mamá, saquemos el tema del verano que tanto nos gusta a todos – mis hormonas y mis malas contestaciones cada día mejoraban más.

- Niña, baja el tonito que a mí tus hormonas me importan tres pepinos   - su madre siempre le pegaba unos zascas que le hacían gracia incluso a ella.

- Lo siento mamá, pero en serio, ¿podemos hablar de la posibilidad de irme a Menorca con mis amigas en verano? – puse cara de niña buena al instante, que bien se me daba el teatro.

- Pero a ver solamente tienes quince años, eres menor de edad, ya te dijimos que aún eras demasiado pequeña para un viaje así, cuando cumplas los dieciocho no nos opondremos, siempre y cuando lo merezcas y nos convenzas de que eres una niña de dieciocho años extremadamente madura para tú edad – ya estamos siempre me daban la misma respuesta.

- Estamos en un bucle, no estaremos solas, vamos a casa de Bea, allí hay un cuidador que podrá estar por nosotras y prohibir la entrada a todos los chicos – justo lo dije y me di cuenta de que me estaba equivocando.

- Hermanita no se puede ser más pava, las has cagado – mierda el otro ayudando, mi hermano Nacho era dos años mayor que yo pero tenía un cerebro de niño de diez y claro no se le había pasado por la cabeza pedirle a sus padres un viaje a los quince cuando él aún jugaba con Legos.

- Tú te callas, nadie te ha pedido vela en este entierro, siempre ayudando el niñato éste – en estos momentos me daba cuenta de lo pavos que eran los chicos de diecisiete años, a mi siempre me habían gustado de veinte para arriba, chicos con lo que se pudiera hablar, no pavos con la cara llena de granos.

- Eh, tranquila Clara, te estás pasando, todos los que estamos sentados en esta mesa tenemos derecho a opinar, y que quieres que te diga no nos ayuda nada saber que se os ha pasado siquiera por la cabeza que en este viaje haya niños de por medio – niños no papá hombres, que Bea los conoce porque son amigos de su hermana mayor, pero eso es algo que nunca vas a saber.

- Va papá, era una broma, sólo queremos estar juntas cinco chicas pasando unos días de tranquilidad y sol en Menorca, la casa de Bea es tan bonita – y tiene tantas habitaciones para retozar con los chicos,… - y además soy la única a la que no dejan ir, a todas les han dicho que si.

- ¿Quizás sea porque sus notas son buenísimas? ¿Porqué son chicas buenas y responsables que no dan ningún problema a sus padres? – madre mía a veces sus padres le daban una pena,… de las cinco ella era la más buena de largo, buenas notas si sacaban pero con quince años llevaban una carrerilla con los chicos que sus progenitores se echarían las manos a la cabeza. En cambio ella no sacaba tan buenas notas pero no había ido más allá de algunos besos con los pocos chicos con los que había salido.

- Bueno vale poned las condiciones, y si las cumplo voy – se iba a esforzar como nunca si eso era lo que querían, en realidad yo no soy ninguna tonta pero me da palo estudiar así que con lo justito voy aprobando y a mi ya me va bien.

- ¿Qué son condiciones? –el que faltaba, mi hermano Pelayo de ocho años siempre tenía el don de hacer preguntas estúpidas en el peor momento, pero era un niño gracioso como el que más al que adoraba, no le pasaba lo mismo con Nacho ni por asomo.

- Pues por ejemplo que si mejoro mis notas este trimestre voy, ¿lo entiendes? Es hacer algo a cambio de algo – nunca le gritaba ni me enfadaba con él porque me encantaba tenerlo como hermano.

- Aaaaah, como cuando me dices si me traes un vaso de agua te doy un achuchón, ¿es eso? – que listo era mi hermanito.

 - Exacto enano, como el achuchón que te voy a dar en cuánto acabemos de cenar por ser tan requetelisto – estas tonterías le volvían loco y a Nacho le volvían loco pero de celos y a mi ambas cosas me encantaban.

- Bien éstas son nuestras condiciones, queremos buenas notas por encima de notable de aquí a final de curso, si pinchas en sólo una asignatura no vas, no es negociable, ¿te ha quedado clarito, Clarita? – que rabia me daba cuando mi madre hacía esa broma.

- ¡Trato hecho! – quizás me había precipitado pero era la primera vez que  sus padres contemplaban la posibilidad de dejarla ir así que antes de que se lo repensaran tenía que decir que aceptaba aunque eso significara empollar como una loca.

Aquella noche lo último que escribió en su móvil fue:

Tías mis padres me dejan ir a Menorca siempre y cuando saque notables de hoy a final de curso, ¡Pablo, Nacho, Pepe y Tony allá vamos!, buenas noches amorcitos, nos vemos en clase mañana, corazón corazón corazón.




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