17 de julio de 2017

AUTOBUS

Seguimos con los relatos cortos de ficción, todos han sido escritos por mí, todos son ficticios, los personajes que en ellos aparecen no se parecen a nadie que me rodee, por suerte en algunos casos, pero a veces las cosas que les pasan a esos personajes nos pueden resultar familiares.




Los miércoles no le gustaban, las asignaturas eran pesadas y aburridas y los profes unos auténticos tostones. Siempre estaba tentada de hacer campana, llamar a cualquier compañera, convencerla, que no hubiese sido difícil, y pasar el día tomando el sol en algún parque de su preciosa ciudad.

Pero su recta y disciplinada educación le impedían hacer algo considerado “mal hecho”, así que se acurrucó en el asiento del autobús que cada mañana cogía a las seis cuarenta y cerró los ojos. La última parada antes de salir hacia la autopista era la que más gente recogía, ella siempre dejaba su preciosa maleta en el asiento de al lado con la esperanza de ir sola, pero ese día no fue así:

- Perdona,….

Abrió un ojo y vio a un chico un poco mayor que ella con cara simpática que le pedía que quitara su maleta para sentarse.

- Si claro, perdona – de nuevo su esmerada educación entraba en acción

No pudo ver su cara demasiado bien solamente sabía que iba a ir estrecha todo el viaje por su culpa, seguro que quedaban asientos más atrás, que manía con sentarse tan cerca de la puerta.

Salieron a la autopista y cerró los ojos. Notaba la pierna de su compañero de asiento, apoyada en la suya y no podía evitar sentir algo extraño que no solía sentir, no sabía lo que era pero no pudo descansar intentando no tocarle. Él se bajó en la primera parada, así que solo alcanzó a verle por el rabillo del ojo. Era moreno y tenia el pelo alborotado sólo pudo ver claramente que llevaba una mochila muy chula.

Las aburridas clases del miércoles transcurrieron tal cual, sin sobresaltos ni sorpresas que hicieran cambiar la idea que tenía de ellas. Al acabar se fue a la biblioteca, siempre le gustó aquél lugar, un lugar tranquilo donde podía descansar la mente de ruidos, y concentrarse únicamente en leer y estudiar, no podía entender porqué la gente usaba auriculares con música en la biblioteca, no tenía ningún sentido.

Pero ese miércoles era distinto porque no podía quitarse de la cabeza a su misterioso compañero de autobús. Se preguntaba una y otra vez si al día siguiente también cogería el mismo autobús, y si se sentaría a su lado, ella una chica de pueblo no le había visto nunca y sólo sabía que tenía muy buen gusto para las mochilas.

Al día siguiente llegó puntual a la parada como siempre, subió esperando que en la siguiente apareciese su misterioso compañero de mochila súper guay.

Estiró su largo cuello cuando el bus se detuvo en la parada donde él había subido el día anterior, miró a cada una de las personas que subieron aquél día pero él no estaba,…

Un día más estiró su cuello pero de entre todas las personas que subieron ninguna era él,…

Un día más  ninguna era él,…

Ninguna,…

Nunca más le volvió a ver, pero sabía que si el destino le hubiese dado alguna oportunidad aquella persona hubiese formado parte de su vida, porque lo que sintió aquél día no lo volvió a sentir jamás.

Pasaron los años y siguió estudiando su carrera, y siguió cogiendo el autobús y siempre levantó su largo cuello al llegar a su parada, y conoció a un hombre bueno y se casó con él, y cuando iban al cine a la gran ciudad seguía levantando su largo cuello en su parada. Y tuvo tres hijos y cuando los llevaba al médico a la gran ciudad seguía levantando su largo cuello en su parada.


El destino solo le dio una oportunidad de guardar en aquella preciosa mochila un recuerdo y lo guardó mientras vivió como un precioso tesoro…..



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