9 de julio de 2017

AUSENTE


Seguimos con la serie de relatos cortos de ficción,...




Ausente te siento cuando me miras, ya no hay nada en tus ojos que me recuerde cuando aún estabas aquí.

Recuerdo cuando te vi por primera vez, me hiciste sentir como si yo fuera la mujer más importante de la tierra, me mirabas y mi corazón palpitaba más de lo normal, no recuerdo en qué momento empezaste a ser especial, sólo recuerdo tus mensajes y cuánto los anhelaba, cuando me decías que me echabas de menos y me alegrabas el día y la vida.

Siempre te quise yo más a ti que tu a mi, ese fue mi error, quizás te cansaste justamente por eso, te fuiste alejando poco a poco hasta que desapareciste y de repente ya no estabas, te buscaba durante la noche y nunca encontraba tú mano, te buscaba durante el día y nunca estabas, se acabaron los mensajes diciendo te quiero, se acabaron las llamadas para saber que tal me iba el día.

Y por fin ni siquiera aparecías por casa, siempre ocupado en ese trabajo que nunca supe muy bien en qué consistía, reuniones, viajes y cuando volvías parecía que no te hubieses ido, ni un abrazo, ni un beso, me contabas el primer rollo que se te venía a la cabeza y yo hacía ver que me lo tragaba y que me gustaba porque en el fondo tus ausencias dejaron de importarme, casi prefería cuando no estabas porque era dueña de mi vida.

Las rutinas con los niños, tus hijos, que nunca te importaron un comino y accediste a tener porque yo te lo pedí, eran mucho más fluidas cuando faltabas y cuando me preguntaban cuando ibas a volver yo siempre les decía - muy pronto pequeños, porque a papá le gusta más estar en casa que de viaje - pero no era verdad, tu preferías estar por ahí, ¿sólo? Esa es la gran pregunta, o acompañado de alguna tipa de la oficina, o quizás pagabas por sexo porque ni siquiera eras capaz de llevarte a una mujer a la cama haciendo valer tus encantos.

Creo que en el fondo te ausentaste de ti mismo, tu redujiste tu vida a nada, te dejaste llevar por algo llamado desidia y ahí sigues, y las veces que intenté llegar a ti me topé con un escudo de infra héroe con el que no se puede luchar, así que mira, ahora que ya no estás no les diré a los niños la verdad,  aunque lo que me apetezca decirles sea - papá no está porque se dejó morir, porque era un cobarde que no tuvo el valor de luchar ni por su familia ni por él mismo, pero les mentiré una vez más y les diré que les querías.


Y cada mes como hoy llevaremos flores a una tumba con un ser vacío dentro, porque ellos no tuvieron la culpa de tener un padre que no les quiso, pero vivirán pensando que si, porque con un corazón roto en la familia ya es suficiente.


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