28 de noviembre de 2016

ABUELOS







Esta Mañana miraba  a mi hijo pequeño hablar por teléfono con su abuela como todas las mañanas del mundo y me ha dado que pensar. Creo que es una de las mejores rutinas que tiene en su día, minutos antes me decía: la abuela me va a llamar en 3, 2, 1 ..... él espera esa llamada, se sienta en nuestra cama, se pone el auricular del viejo teléfono de baquelita y hablan durante no menos de 3 minutos de auténticas banalidades, pero el atiende lo que le dice la abuela, hable del tiempo, de lo que va a hacer hoy o de cualquier otra cosa.

Siempre llego a la conclusión de que mis hijos tienen mucha suerte de tener a casi todos sus abuelos, les falta uno, el abuelo paterno al que habrían admirado como hacemos todos los que le conocimos, por suerte su presencia está muy viva cuando en casi todas las comidas familiares se habla de él.

Y que suerte ser abuelo, poder malcriar a los nietos, hablarles con tranquilidad, no ponerse nervioso, darles todos los caprichos, ellos ya hicieron el trabajo de educarnos, ahora esa parte de la difícil tarea de ser padre nos toca a nosotros.

Mi madre con nosotros nunca fue una mujer con mucha paciencia, el que tenía paciencia era mi padre, y la sigue teniendo, pero con sus nietos mi madre tiene una paciencia infinita, es capaz de sentarse  a hacer los deberes con ellos, explicarles las cosas todas las veces que hagan falta, una maravilla lo de ser abuelo y tenerles tan cerca.

La influencia de los abuelos en la vida de mis hijos les va a marcar en el futuro, su forma de actuar con ellos es casi impecable, saben que a ellos se les da siempre besos, saben que a ellos no se les levanta la voz y se les ayuda siempre que lo necesitan, creo que el respeto hacia esas tres personas mucho más mayores que cualquier otra que tengan alrededor les da una gran lección de vida.

Hay cosas que ojalá jamás cambiasen, hay personas que ojalá siempre estuviesen ahí.




No hay comentarios:

Publicar un comentario