14 de febrero de 2016

LONDON CALLING

Hace un par de semanas estuvimos en Londres, aprovechando una conferencia que daba el patriarca de la família nos cogimos dos días de vacaciones y allí que nos fuimos, la verdad y os voy a ser muy sincera, he estado varias veces en Londres y esta vez la ciudad me ha sobrepasado, está todo como sobredimensionado, ¿cuánto de todo hace falta en una ciudad?, creo que los 8 años que llevo viviendo en el pueblo más bonito del mundo han hecho estragos en la percepción que tengo de una gran ciudad. 




Una gran ciudad hace que te sientas muy pequeño, insignificante, cuando paseo por mi pueblo mínimo tres personas te saludan y eso hace que te sientas parte de algo, pero en una ciudad como Londres te sientes nada. 




Hay tanto de todo, tantas tiendas, tantos teatros, tantas estaciones de metro, tanta gente,.... el sábado por la tarde Oxford Street estaba tan lleno de seres humanos que parecía que no hubiese un mañana,....




La mañana del domingo fuimos al Museo de Historia Natural, llegamos antes de las 10 hora en la que abre sus puertas y ya había cola, no mucha, así que entramos de los primeros, que lugar más bonito, que edificio para perderse y no salir jamás, a los niños les encantó y mira que no entendían mucho, aparte de lo que les íbamos traduciendo, aún así sus enormes salas de ladrillo marrón te adentran en un mundo mágico del que no quisieras salir jamás. Y lo mejor los museos públicos en Londres son gratuitos.




Hyde Park fue el lugar elegido para pasar la última mañana en la urbe, una maravilla que en el centro de una ciudad exista un parque tan enorme y lleno de cosas para ver, los cisnes de uno de los lagos eran de lo más gracioso y pasamos un buen rato viendo animales a dos palmos de nosotros, un lujo, animales, corredores, caballos y turistas como nosotros.


Y dejo para el final lo mejor, sus mercadillos, Portobello y Camden Town, mi marido que es un hombre sabio siempre ha dicho que Londres es una ciudad para ir con dinero o de lo contrario si te gusta comprar vas a sufrir, y la verdad que tiene razón, sus tiendas de ropa de segunda mano, antigüedades y todo en general son para pasar horas buscando y si solamente puedes mirar pues lo pasas mal, alguna cosa compramos pero creo que hubiese comprado más, como creo, estoy absolutamente convencida.



Es una ciudad de extremos, nos hemos cruzado con personas tremendamente desagradables sin ningunas ganas de ayudarnos y con gente maravillosa, como una señora que me cedió su tarjeta Oyster cuando la mía decidió dejar de funcionar para que no tuviese que salir del autobús e ir al metro a solucionarlo porque en Londres los conductores de autobús no cobran con dinero.

Pues esto ha dado de sí esta loca ciudad donde cuentas los minutos en los que sale el sol tras ese cielo gris que siempre está presente. 

Hay tres ciudades a las que siempre tengo ganas de volver, París, Roma y Londres, y la lista sigue siendo la misma! 



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