27 de diciembre de 2015

OR BLANC

Sabéis porque en alguna ocasión he hablado de la Vall Fosca que a mi familia y a mí nos encanta escaparnos allí siempre que el tiempo y la economía nos lo permiten. Los niños allí se sienten libres, no hay peligro y hacer puntería con un tirachinas se convierte en la mayor de las distracciones, no se acuerdan de la tele, ni de maquinitas infernales solo quieres desayunar para salir a buscar a sus amigos en el pequeño pueblo de Paüls.

A mí me gustan muchas cosas de este maravilloso valle, la más importante nunca hay masificación en ningún sitio, si vas a esquiar no hay colas, si te vas al lago de Montcortés aparcas donde quieres, si tienes que ir a la Pobla encuentras lo que necesitas sin agobios, y buena comida y mejores personas a raudales. Pero lo que realmente me gusta es que siempre hay algo nuevo que ver, cada una de las veces que hemos ido hemos hecho algo nuevo.

La última vez que estuvimos fuimos al pequeño pueblo de Corroncui a simple vista es una pueblo más del Valle pero allí hay una quesería donde viven 1.000 ovejas que dan una buenísima leche y un queso excepcional y lo mejor es que la propietaria de la explotación te recibe en el precioso jardín de sus casa para que pruebes todos su quesos y escojas el que más te gusta. Todo eso mientras los niños se entretienen saltando en la cama elástica que inteligentemente hay en el jardín.

No pudimos resistirnos a ninguno de los quesos, ni al más joven que se derrite en la boca ni más más viejo con su sabor fuerte e intenso. Compramos los tres tipos que la señora de la casa nos dejó probar.

Que grandes ideas se les ocurre a la gente a veces, que vida más fantástica dedicada a cuidar y mimar a unos animales para que den un producto sano y buenísimo, que todos podemos disfrutar.

Si el destino os lleva cerca de Corroncui no dejéis de visitar este precioso lugar, no os arrepentiréis.








¿A qué os apetecen un montón?








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