19 de febrero de 2015

ESA PRIMERA VEZ


Pues sí este fin de semana pasado hemos ido por primera vez a esquiar, los niños porque yo ya se pero francamente no me veo con ánimo de calzarme unos esquíes de nuevo. El caso es que yo sabía claramente que el día que los probasen sería mi perdición porque tenía muy claro que les iba a gustar, y no me equivocaba y eso que en el primer momento pónte botas, coge los esquíes los palos, el casco, los guantes, pensé Ay madre que estos se me echan atrás,...



Pero no me defraudaron, son niños deportistas por naturaleza eso está claro y en el primer momento en que pusieron la bota en las fijaciones de los esquíes empezaron a moverse como si los hubiesen llevado siempre. Resulta muy curiosa la capacidad de un niño para aprender cosas nuevas, cuando yo empecé a esquiar ya no era una niña y nunca aprendí con la confianza de un niño pequeño. En cambio ellos, en dos horas bajaban las pistas como si lo hubiesen hecho toda la vida y creo que es porque ellos no sienten algo que yo sí sentía cuando aprendí a esquiar, se llama miedo.


Los niños no saben cuál es el significado de esa palabra cuando se trata de aprender cosas nuevas, si es para subir al piso de arriba con la casa a oscuras ya es otra cosa, pero para tirarse por una pendiente, cero miedo. Maravilloso sería que los adultos nunca tuviesemos miedo a nada, pero no nos engañemos el miedo da mucho dinero y la sociedad te inclina hacia el miedo en cuánto pones la televisión, lees un periódico o vas por una carretera. El adulto vive con miedo cada día de su vida, tiene miedo por si alguién hace daño a su familia, tiene miedo a la enfermedad, miedo a la muerte, en fin conforme vas creciendo pierdes esa cualidad de no sentir miedo a nada y en el fondo entras en esa horrible rueda.


Ir a la nieve, cambiemos de tema, siempre es una buena idea, pasada la pereza que da la logística que comporta el viajar en invierno, una vez estás en el sitio, todo va sobre ruedas. Cualquier rincón si está de color blanco es una nueva aventura que nos espera, nada más llegar Tomy se pegó un resbalón en una placa de hielo y le salió un chichón que me asustó y todo (ya estamos con el miedo), pero al cabo de cinco minutos a él se le había olvidado y a mi al cabo de diez.


El primer día esquí y el segundo  - mamá mamá vamos a tocar la nieve - así que cogimos la carretera y allí donde encontramos una preciosa extensión cubierta de nieve allí paramos. Primero pensaron en hacer un muñeco de nieve pero después se decantaron por un iglú, fueron cogiendo de los alrededores trozos de nieve y los fueron colocando formando una pared circular, les quedó muy chulo como véis en las fotos hasta que decidieron cubrirlo, ahí se nos fué directamente al suelo y nuestra precioso iglú quedó reducido a un montón de nieve. Pero y lo bien que lo pasaron, hacía un sol fantástico que calentaba a los sufridos padres que mirabamos a los improvisados arquitectos.


En fin que ha sido un fin de semana fantástico, todo gracias a fantásticas amigas que se ofrecen a viajar contigo a la nieve, abrirte su casa y en definitiva querer a mis hijos como si fuesen suyos. No podría haber escogido una madrina mejor para mi hijo,...

No hay comentarios:

Publicar un comentario