8 de diciembre de 2014

DOWNTON

Sigo dos series en la actualidad, una española, Velvet que me gusta por encima de todas las cosas y convierte un simple martes en un martes fantástico gracias a unos guionistas con los que me iría a tomar un café ahora mismo porque tienen el mismo humor que yo y gracias a unos actores fantásticos del primero al último. Y una inglesa, Downton Abbey, esta segunda la sigo desde sus inicios, pero además he esperado religiosamente a que diesen temporada a temporada por la televisión, nada de comprarla y empacharme a capítulos, es como cuando te regalan algo que te gusta mucho y te lo vas comiendo poquito a poco porque no quieres que se acabe pues con esta serie me pasa lo mismo. Ahora la dan el miércoles y al igual que Velvet la veo difrutando cada segundo, escuchando todo lo que dicen y como lo dicen, los comentarios de la abuela - ¿Qué es un fin de semana? - o los criados buenos y malos, las hermanas y el odio que existe entre ellas y un sinfín de tramas que ya duran cinco temporadas.

Pero lo que más me puede gustar son las cenas y sobremesas que tiene la família, esas largas conversaciones de cosas banales o importantes donde en el fondo todo se decide, no hablan ni comen con prisas, esperan a que les sirvan un plato y otro y el postre pero nunca se adelantan a nada, y creo que esto ocurre por dos razones, la primera porque no tienen televisión y la segunda porque viven despacio, dígamos que el hecho de pertenecer a una clase social más que acomodada pues también ayuda, pero eso se da por entendido así que no hablaremos del tema ni intentaremos cambiar la historia.

La verdad es que en nuestra família también disfrutamos de largas sobremesas y conversaciones interminables los fines de semana intentando arreglar el mundo, pero siempre pensando en lo que toca hacer después, una colada, la cena, escribir un nuevo post, leer ese libro que tengo a medias, el placer de la conversación que cura todos los males se está perdiendo y es una pena, y lo de comer viendo la tele ni os cuento, la peor costumbre que puede tener el ser humano moderno. Poder hablar y preguntar a tu hijo como le ha ido el día o que han hecho en el cole o con quién se han peleado o la nota que han sacado en su último exámen, o lo que ha comido tú marido o como estaban los macarrones que le pusiste para comer, debemos recuperar ese pequeño placer de comer con calma y sin prisas porque quizás no tengamos quince criados que se van a ocupar de todo pero si tenemos que comer, así que ¿porque no recuperar la calma y el placer de una conversación?

Buen propósito para empezar la semana, ¿no os parece?







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