6 de julio de 2013

VIERNES NOCHE

Una bonita manera de pasar un viernes por la noche es saliendo a cenar con tu marido, yendo la cine, a pasear, o viendo un buen programa en la tele si es que eso existe. Pero no, yo y mis hijos decidimos pasar el viernes en medio de la calle mirando un Volkswagen Polo en el que nuestra querida gatita LEGO se metió al escapar de las manos de mi querido hijo Pepe que tuvo la genial idea de sacarla de casa para enseñársela a los vecinos.

El bicho salió como alma que lleva el diablo directo hacia el Polo (omitiré Volkswagen que siempre tengo que pensar como se escribe) y claro nos convertimos en la atracción del barrio y yo que pensaba que vivía en una zona tranquila de Sitges, cuando el silencio reinaba, patapam! un coche, una bici, un vecino preguntando ¿qué hacéis? lo intentamos todo, picando en el coche, empujándolo con un palo, con palitos super de luxe de la mejor comida que existe, y así vecino tras vecino iba pasando por delante con una nueva y genial idea, y las horas y la noche iban cayendo y los tres monos sentados en la cera esperando que la gatita decidiera salir del motor, del guardabarros o de donde decidiese meterse.

Hasta que apareció nuestro ángel, un vecino que suele ocuparse de gatos abandonados y los mima y los quiere como nadie, se lo ocurrió bajar con un boquerón al vapor y al ser el olor tan fuerte al final LEGO decidió salir poco a poco, Pepe consiguió cogerla por la cabeza y yo ataque por la retaguardia con una toalla, gritaba la tía como un gorrino, y venga corriendo para casa, gorrina en mano, Pepe las llaves, abre rápido, cierra, y pam la soltamos en casa, mientras la llevaba el corazón le iba tan rápido a ella como a mí,...

Hubo momentos de todo, Pepe llorando como una magdalena - mamá soy tonto, es culpa mía, no quiero dejarla, llama a los bomberos, no la hemos tenido ni un mes,...ratos de pensar que hacer, llamar a los bomberos, dejar una nota en el coche, y sobretodo el más frecuente: ¿Qué hago aquí un viernes por la tarde con lo cansada que estoy y la ganas que tengo de irme a la cama?

Por suerte todo acabó bien, eran las 11 cuando volvíamos a casa, aparte de todo tengo que decir que de todo se aprende y la paciencia que demostraron mis hijos durante las tres horas que duró la aventura es digna de admiración.


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