16 de agosto de 2017

ESTE PUESTO ES MIO


Seguimos con los relatos cortos de ficción para este verano,...

- Buenas tardes, mi nombre es Calixta y soy la Directora de Recursos Humanos de la empresa Cartoon, como todos sabréis, espero que esa sea la razón por la que estáis aquí – soltó una desmesurada carcajada para mí gusto – estamos buscando un Director de Marketing para nuestra compañía que si os habéis informado - mirada más repelente que la de la Srta. Rottenmeyer de Heidi – está en plena expansión internacional.

Después de esta extraña introducción nos pidió que uno a uno nos presentáramos, y a mí que me importa la vida del resto de aspirantes al puesto, no entendía nada, se tenía que ver las caras con un montón de gente extraña y encima con su último ligue que casualmente había postulado al mismo puesto que ella.

Héctor era solamente un ligue que había conocido en una discoteca hacía tres semanas, así que no iba a tener la más mínima compasión con él, no es que supiese muchas cosas de él, aparte de que era un crack en la cama y había estudiado la misma carrera que ella, pero esto último lo acababa de descubrir.

- Hola mi nombre es Renata y soy Licenciada en Marketing por ESADE. Vivo en Barcelona, estoy soltera – lanzó una mirada a Héctor que estaba justo frente a ella – y creo que soy la persona indicada para este puesto porque soy joven, me entusiasma mi trabajo, el marketing y no tengo ninguna atadura familiar, estoy disponible para viajar, tengo vehículo propio y hablo cuatro idiomas – supéralo chaval, bueno tú y el resto de pardillos que veo en esta sala.

- Hola mi nombre es Héctor y soy Licenciado en Marketing por la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos, he trabajado en  Multinacionales Americanas siempre como Director de Marketing, estoy casado - ¿¡Cómo!? – y tengo tres hijos  - ¡¿Perdona!? que me enseñan y me guían a través del Marketing Infantil, ellos son mis mejores clientes. Tengo total disponibilidad y hablo seis idiomas.

¿Pero cómo era posible? De las pocas cosas que sabía de él una era que tenía treinta años, aunque empezaba a pensar que le había tomado el pelo, treinta años y tres hijos, ¿que se había casado con 20? Madre mía se sentía como una auténtica estúpida, y tenía ganas de matar a aquél imbécil asqueroso, ¿quería jugar? Pues iba a conseguir aquél puesto fuese como fuese y después iba a mandar al carajo a aquél embustero asaltacunas.

- ¿Renata?¿Estás aquí? Chicos necesito que estéis concentrados porque sois muchos y no tenemos toda la tarde - que pereza de mujer.

- Perdone, ¿la pregunta era? – mierda Calixta concéntrate porque éste te quita el puesto, la dignidad y el orgullo – perdone son los nervios.

- Os he preguntado acerca de vuestros logros en las anteriores empresas en las que habéis estado, muy resumido, nombre de la empresa y logro, pim pam – te iba a dar yo pim pam, cursi más que cursi, y que semejante pava fuese la Directora de Recursos Humanos, si la cogían iba a ser su compañera que escalofrío.

- Empresa Mattel, Assitant en el Departamento de Marketing,…

- No no no, Renata por favor no me importa lo más mínimo el puesto que desempeñabas, empresa y logro, nada más, no perdamos más tiempo – la voy a matar.

- Perdón, pues como le decía Mattel, lanzamiento de un juguete inteligente que fue número uno en ventas en la Navidad del 2015 y empresa Disney, lanzamiento del nuevo logo de la compañía con un equipo de personas a nivel mundial.

- Bueno lo hemos conseguido, muy bien Renata aunque esto último no sé si es logro tuyo o del equipo de personas a nivel mundial – otra carcajada desmesurada vulgar y llena de maldad.

- Es tú turno Héctor – le soltó la cursi al hasta ese momento su ligue, la verdad es que estaba guapísimo con su traje impecable, su corbata y sus caros zapatos ingleses, supongo que para aparentar treinta años se había vestido como un jovencito, pero tenía que reconocer que con traje estaba mil veces más atractivo e interesante.

- Gracias. Bueno, logros hay muchos y no se si tenemos tiempo pero destacaré los que me hacen sentir más orgulloso, en FAO Nueva York, conseguí rediseñar la tienda por completo consiguiendo un aumento de las ventas del 46%. Y en la última empresa Pixar conseguí convencer a la Dirección del cambio de rumbo a nivel estratégico que debíamos aplicar a las películas futuras si no queríamos estancarnos. Con las últimas películas la compañía consiguió aumentar sus beneficios en un 66%.

Estaba a punto de vomitar, por fin se acabó aquella entrevista tan poco común, estaba segura de que no la iban a coger y por si le quedaba alguna duda mientras se dirigían a la salida oyó como la Directora de Marketing le decía a su ex amante en voz baja:

- Héctor, has estado fantástico el puesto es tuyo no lo dudes ni un momento, ¿crees que nos podremos ver este fin de semana?, ¿te puedes inventar algún viaje relámpago, me muero de ganas de pasar un buen rato contigo.

- Calixta por favor te pueden oír, no creo que pueda escaparme pero la semana que viene encuentro el hueco te lo prometo, lo tenemos que celebrar.

Será hijo de la gran,….buf. Hala me voy a casa a llorar unas mil horas y comerme unos cien helados de vainilla con cookies.







31 de julio de 2017

CARACOLES




Cuando era niña a mis padres mi abuelo mi hermano y a mí nos gustaba ir a buscar caracoles, buscar por el placer de buscar, llegábamos a casa remojados con el chubasquero empapados de agua y las botas hasta arriba. Lo dejábamos todo en el colgador para que se secase y mientras yo me iba a la ducha, el abuelo cambiaba los caracoles de bolsa y los pasaba a una bolsa verde de rejilla en la que ponía los pobres caracoles que se pasarían unos días comiendo harina para expulsar la baba y poderlos cocinar.

Cada vez que pasaba por la cocina veía a los pobres caracoles enganchados en la rejilla y en mi mente de niña, y sin saber muy bien el porqué había algo en aquella imagen que no me acababa de gustar.

Después, una vez cocinados sí me gustaba comerlos porque estaban arrugaditos y con salsita pero a medida que crecía lo que era una bonita excursión familiar pasó a ser un martirio, quizás un caracol sea un animal sin importancia pero para mí cada vez la tenía más hasta el punto que si la predicción del tiempo decía que iba a llover yo siempre esperaba que no fuese en fin de semana para no tener que salir a buscar a aquellas pobres criaturas para martirizarlas comiendo harina hasta que se quedaban sin babas y estaban listos para irse a la cazuela.

Conforme fui creciendo las salidas en familia fueron cada vez menos frecuentes y yo vivía más tranquila sin temer a las borrascas. La última vez que fuimos a buscar caracoles al bosque que teníamos cerca de casa ocurrió algo que me hizo detestar por completo la actividad.

Mi hermano pequeño se despistó un momento y se adentró en el interior de bosque, sólo le perdimos de vista un minuto y tardamos más de tres horas en encontrarlo, recuerdo la cara de angustia de mi padre, sus gritos llamando al bobo de mi hermano y las lágrimas de mi madre, cuando eres una niña no quieres que tus padres sean vulnerables, los papás de uno siempre tienen que ser personas fuertes y con soluciones que se muestren valientes en cualquier situación a la que un niño se enfrente por horrible que pueda ser o parecernos. El único que mantuvo la compostura era mi abuelo, el era un tipo duro que sabía desde la sabiduría que le proporcionaban sus muchos años que mi hermano iba a aparecer.

Cuando el niño apareció le pegué una colleja – niño que susto nos has dado, para la próxima excursión te ato con una cuerda – la pobre criatura lloraba desconsolada por el mal rato que había pasado perdido solo en pleno bosque, le abracé y le pedí perdón por la colleja y se me ocurrió algo para que aquello no volviese a pasar.

El abuelo volvió a colocar los caracoles en su bolsa verde como hacía siempre y los volví a ver aquella noche antes de irme a dormir.

A la mañana siguiente me desperté muy temprano y me vestí, salí cogiendo el chubasquero que el día anterior había terminado mojado y con el calor de la casa volvía a estar seco y me dirigí al bosque con algo en mis manos.

Al cabo de un rato volví a casa acalorada por el camino y porque no quería que se diesen cuenta de mi ausencia. Ya estaba hecho. Yo, una niña de 12 años había dado por finalizada con aquella acción una actividad de años, no iba a haber más caracoles empachados de harina en mi casa y mi hermano no se iba a perder más.

Cuando entré por la puerta, el abuelo me estaba esperando, me vio, tuvo claro lo que acababa de hacer y sin mediar palabra cogió la bolsa verde de mis manos y la hizo desaparecer, nunca más se habló del tema, nadie preguntó por los caracoles ni por la bolsa verde.

Sólo el abuelo supo lo que había pasado con ellos y nunca mientras vivió le contó a nadie nuestro pequeño secreto. Él en el fondo aprobaba lo que acababa de hacer y así me lo demostró con su silencio, ¿al abuelo también le daban pena los pobres caracoles o no quería que mi hermano, su nieto, se volviera a perder? Aquello era otro secreto,…




24 de julio de 2017

BAILAR





Rita sabía que no debía hacerlo, cada tarde cuando entraba en la escuela de baile en la que limpiaba y en la que pasaba todas las tardes de su vida entre las ocho y las doce de la noche sabía que lo que hacía no estaba bien. Pero estaba sola, nadie podía verla y que diablos ella siempre quiso bailar.

Cuando era pequeña y durante algunos años sus padres, muy humildes, pudieron permitirse las clases de danza de su hija. Rita recordaba aquellos años como los más felices de su vida, era pequeña y a pesar de su poca memoria ella recordaba haber sido muy feliz, su moño perfectamente enrollado bajo la red que sujetaba su frondosa melena rubia, con aquellas pinzas que le agujereaban el cerebro a veces, las medias rosadas, sus pequeñas zapatillas que aún estaban en algún lugar en casa de sus padres, todo lo que significaba ballet la hacía sentir bien.

El dinero se acabó y con él las clases de baile, era estudiar o soñar y sus padres y la dureza de sus vidas lo tenían claro, Rita iba a estudiar una carrera, una carrera aburrida que no le interesaba lo más mínimo pero una carrera al fin y al cabo. Empresariales. Al acabar no encontró trabajo pero si un marido y un bombo, con 22 años y siendo madre había pocos trabajos que pudiese compaginar así que cuando le salió un trabajo de 20 horas a dos calles de su casa en una de las escuelas de baile más prestigiosas de la ciudad no lo dudó y dijo que si.

Tras dos años allí seguía tomándose el descanso de 20 minutos como una clase de baile, entraba en la gran sala y tras limpiar la barra cuidadosamente y barrer su elegante parquet y siempre antes de fregar el suelo Rita ponía el aparato de música y bailaba durante mas de quince minutos sonara lo que sonara, siempre con la certeza de que su único público era el enorme espejo que ocupaba toda la pared de la preciosa sala.

Hasta que un 23 de enero aquello cambió. Rita bailaba embriagada por la triste música que oía y haciendo caso omiso al mundo que la rodeaba, un mundo que aquél día no estaba vacío, aquél día la profesora de danza clásica se quedó un rato más a revisar la clase del día siguiente, quería ensayar algunos ejercicios pero al escuchar la música no pudo seguir y se dirigió a la sala en la que se encontraba Rita bailando con tanto sentimiento que había empezado a llorar, lloraba por la música y por los aplausos que nunca, creía ella, iba a oír.

La profesora se quedó discretamente mirando detrás de la puerta por una pequeña rendija que dejaba ver el menudo cuerpo de Rita bailar y bailar alrededor de la sala, observó como iba vestida, su horrible bata azul de limpiadora, sus zapatillas deportivas y su pelo recogido en una cola de caballo dejaban claro que no era ninguna alumna que se hubiese quedado a practicar. Pero si vio el sentimiento que ponía en lo que hacía, si vio sus manos perfectamente colocadas, si vio las posiciones de ballet que ella enseñaba a los más pequeños, si vio en definitiva a una bailarina.

Cuando la música cesó Rita se dio cuenta de que no estaba sola y se puso tan nerviosa que no supo que hacer, un escalofrío helado le recorrió el cuerpo y se quedó paralizada, fue la profesora la que rompió el hielo:

-       He visto como has bailado y me ha parecido que no es la primera vez que lo haces – necesitaba saber quién era aquél extraño ser vestido de forma aún más extraña pero que bailaba tan bien.

-       Lo siento soy Rita y soy la limpiadora, me he dejado llevar por la música pero no volverá a ocurrir – quería evitar a toda costa perder el trabajo y lo mejor era no comentarle que hacía aquello todos los días de lunes a viernes y antes de fregar el suelo.

-       Bien Rita la limpiadora, ¿podrías decirme quién te ha enseñado a bailar? – no quería bajar la guardia con aquella mujer de la que no sabía nada.

-       Tomé clases de baile pero lo tuve que dejar cuando era pequeña, mis padres no podían pagar las clases – igual dándole pena no le decía nada a su superior.

-       Rita quiero que vengas mañana por la mañana, te voy a hacer una prueba, quiero verte bailar delante de los profesores de la escuela, quiero que te vean. ¿Vendrás? – la profesora no se andaba con rodeos, clara y directa así era ella.

-       Pero, yo no puedo pagar esta escuela, tengo una hija pequeña y no me lo puedo permitir – quizás tantos detalles de su vida no eran necesarios.

-       Ya hablaremos del dinero, ven mañana a las 10 y no se hable más o quizás quieres que le comente lo sucedido a tu superior – golpe bajo, lo sabía, pero necesitaba estar segura que bajo aquella fea bata no había una gran bailarina y el miedo era la mejor manera de convencerla.

Rita no dijo nada más, continuó limpiando con su cerebro a mil por hora, dudas y miedos todos pero tras ellos esperanza e ilusión por algo que había querido toda su vida, por aquél sueño robado en pro de lo correcto.

A la mañana siguiente Rita se presentó vestida con la ropa que pudo encontrar por casa, unas viejas zapatillas que ni siquiera eran de danza y su pelo recogido en un moño como el que le hacía su madre. Al entrar en la sala en la que solía bailar sola vio que ese día no iba a ser así. Contó seis personas sentadas en una larga mesa.

-       Hola Rita soy la Directora de esta escuela, nuestra profesora de clásico ha insistido en que debíamos verte bailar y a eso hemos venido. Coge el atrezzo que hay bajo la mesa y prepárate para enseñarnos lo que sabes hacer – parecía que en aquella escuela a nadie le gustaba perder el tiempo.

Rita no dijo nada, cogió el sombrero negro que encontró bajo la mesa y cuando la música empezó a sonar se dejó llevar por un sueño.

Al acabar dejó el sombrero bajo la mesa y solamente pudo escuchar, - enhorabuena ya eres bailarina de esta escuela.









17 de julio de 2017

AUTOBUS

Seguimos con los relatos cortos de ficción, todos han sido escritos por mí, todos son ficticios, los personajes que en ellos aparecen no se parecen a nadie que me rodee, por suerte en algunos casos, pero a veces las cosas que les pasan a esos personajes nos pueden resultar familiares.




Los miércoles no le gustaban, las asignaturas eran pesadas y aburridas y los profes unos auténticos tostones. Siempre estaba tentada de hacer campana, llamar a cualquier compañera, convencerla, que no hubiese sido difícil, y pasar el día tomando el sol en algún parque de su preciosa ciudad.

Pero su recta y disciplinada educación le impedían hacer algo considerado “mal hecho”, así que se acurrucó en el asiento del autobús que cada mañana cogía a las seis cuarenta y cerró los ojos. La última parada antes de salir hacia la autopista era la que más gente recogía, ella siempre dejaba su preciosa maleta en el asiento de al lado con la esperanza de ir sola, pero ese día no fue así:

- Perdona,….

Abrió un ojo y vio a un chico un poco mayor que ella con cara simpática que le pedía que quitara su maleta para sentarse.

- Si claro, perdona – de nuevo su esmerada educación entraba en acción

No pudo ver su cara demasiado bien solamente sabía que iba a ir estrecha todo el viaje por su culpa, seguro que quedaban asientos más atrás, que manía con sentarse tan cerca de la puerta.

Salieron a la autopista y cerró los ojos. Notaba la pierna de su compañero de asiento, apoyada en la suya y no podía evitar sentir algo extraño que no solía sentir, no sabía lo que era pero no pudo descansar intentando no tocarle. Él se bajó en la primera parada, así que solo alcanzó a verle por el rabillo del ojo. Era moreno y tenia el pelo alborotado sólo pudo ver claramente que llevaba una mochila muy chula.

Las aburridas clases del miércoles transcurrieron tal cual, sin sobresaltos ni sorpresas que hicieran cambiar la idea que tenía de ellas. Al acabar se fue a la biblioteca, siempre le gustó aquél lugar, un lugar tranquilo donde podía descansar la mente de ruidos, y concentrarse únicamente en leer y estudiar, no podía entender porqué la gente usaba auriculares con música en la biblioteca, no tenía ningún sentido.

Pero ese miércoles era distinto porque no podía quitarse de la cabeza a su misterioso compañero de autobús. Se preguntaba una y otra vez si al día siguiente también cogería el mismo autobús, y si se sentaría a su lado, ella una chica de pueblo no le había visto nunca y sólo sabía que tenía muy buen gusto para las mochilas.

Al día siguiente llegó puntual a la parada como siempre, subió esperando que en la siguiente apareciese su misterioso compañero de mochila súper guay.

Estiró su largo cuello cuando el bus se detuvo en la parada donde él había subido el día anterior, miró a cada una de las personas que subieron aquél día pero él no estaba,…

Un día más estiró su cuello pero de entre todas las personas que subieron ninguna era él,…

Un día más  ninguna era él,…

Ninguna,…

Nunca más le volvió a ver, pero sabía que si el destino le hubiese dado alguna oportunidad aquella persona hubiese formado parte de su vida, porque lo que sintió aquél día no lo volvió a sentir jamás.

Pasaron los años y siguió estudiando su carrera, y siguió cogiendo el autobús y siempre levantó su largo cuello al llegar a su parada, y conoció a un hombre bueno y se casó con él, y cuando iban al cine a la gran ciudad seguía levantando su largo cuello en su parada. Y tuvo tres hijos y cuando los llevaba al médico a la gran ciudad seguía levantando su largo cuello en su parada.


El destino solo le dio una oportunidad de guardar en aquella preciosa mochila un recuerdo y lo guardó mientras vivió como un precioso tesoro…..