1 de octubre de 2017

LA VERDAD



Tom tenía claro que ese verano iba a cumplir su objetivo, llevaba dos veranos, a escondidas de su padre, trabajando en aquella balsa que le llevaría a la Isla  Nightingale, siempre se preguntó porqué ese nombre si no habían ruiseñores por aquella zona.

Construía la balsa cuando su padre salía hacia la ciudad y se quedaba en casa con la Señora Perkins, él creía que a sus quince años ya tenía edad para quedarse sólo, pero su padre no, así que una vez se tomaba las tortitas y sus cereales salía por la puerta.

- Sra. Perkins me voy con mis amigos volveré a la hora de comer - para disimular se llevaba una toalla y el traje de baño.

Aquella Isla le había fascinado desde muy pequeño, nunca había visto a nadie, era un islote de no más de dos kilómetros de diámetro, bastante redondo y cubierto por una espesa vegetación, las historias sobre mujeres muertas y animales extraños en los que estaba envuelta pasaban de padres a hijos y el miedo impedía a todos acercarse, pero ese misterio no dejaba vivir a Tom porque recordaba muy pocas cosas de su madre pero recordaba que un día le había contado un cuento sobre aquél lugar y lo recordaba con cariño, no con miedo.

Su padre no hablaba mucho de su madre, había una única fotografía de ella en toda la casa, cuando él tuvo uso de razón le dijo que su madre había muerto de una extraña enfermedad y que la habían enterrado en su pueblo natal a unos cinco mil kilómetros de donde ellos vivían, nunca le explicó nada más.

Tom era feliz con su padre, pero un día, dos veranos atrás, le dijo a la Sra. Perkins que llevaba toda la vida con ellos, que le explicara cosas sobre su madre.

- ¿Qué quieres saber niño? – siempre le llamaba niño cariñosamente.
- Pues no sé, no recuerdo apenas nada, no hay fotografías ni álbumes, papá dice que murió de una enfermedad pero parece que no se quiera acordar de ella,…
- Tú padre lo pasó muy mal, tienes que entenderlo, a él le causa mucho dolor recordarla, respétale mi niño, hazme ese favor – aquella mujer no quería ver sufrir a aquél niño al que quería como a un nieto.
- Dime una cosa nada más, ¿mamá fue alguna vez a la Isla Nightingale? – quizá la respuesta le ayudara a recordar el momento en el que su madre le habló de aquél lugar.
- ¡Ni se te ocurra preguntarte lo que hay en esa Isla, si descubro que se te ha pasado por la cabeza ir allí haré que tú padre nos lleve a la ciudad! – su tono era extrañamente nervioso.
- ¡Eso no contesta a mi pregunta! – dijo el niño enfadado.
- Olvida la Isla y lávate las manos que vamos a comer – su tono volvió a ser normal.

Por supuesto Tom no hizo el más mínimo caso a las amenazas de la Sra. Perkins, lo tenía todo planeado y nadie iba a saber nada sobre su aventura, le faltaban un par de semanas para tenerlo todo listo, aprovecharía un viaje de papá a Los Ángeles, se tenía que dar prisa.

Las dos semanas pasaron rápido, solía quedar con sus amigos después de comer, iban a tomar un helado al pueblo, hacían excursiones en bici pero nunca les había explicado sus planes porque sabía que alguno de ellos iba a explicárselo a sus padres, aquellos pueblerinos tenían terror a la Isla y sus misterios, pero cuando el día se acercaba les dijo que necesitaba que le cubriesen, porque había quedado con una chica del pueblo pero que no les podía contar nada más.

El jueves llegó y en cuánto su padre salió por la puerta cogió su petate y repasó todo lo que había puesto en él. Linterna, agua, barritas de cereales, cuerda para atar la balsa, y lo que le faltaba, aparte de la comida que le iba a dar la Sra. Perkins, estaba en el escondite.

- Adiós Sra. Perkins, gracias por la comida nos vemos esta tarde – dijo Tom sin poder reprimir la emoción.
- Adiós niño pásalo bien y vuelve sano y salvo – le dijo la mujer con una sonrisa en la cara.

Tenía que remar una media hora, había construido la balsa en el lugar más inhóspito que rodeaba el lago para no ser visto. Escondió su bicicleta y sacó la balsa y el petate a la orilla, se subió y empezó a remar, fue una travesía corta y muy tranquila, al llegar sólo podía pensar en atar la balsa porque era su único medio de transporte para el regreso.

Cogió un palo y empezó a adentrarse en la espesura del bosque que cubría la isla, en la espalda llevaba el petate y en la otra mano una brújula, recordaba una única frase de la historia de su madre - en el claro del bosque – así que ese era su objetivo, sabía que allí encontraría algo. No tardó en ver que entre la espesura se filtraba el sol y cambio el rumbo hacía aquél claro.

En el centro había un único árbol lo inspeccionó tanto como pudo y metió la mano en su hueco, dentro había algo de un material que no era madera, lo cogió y se dio cuenta de que era una caja metálica. Sopló sobre ella y descubrió un antiguo cartel de cereales, los que siempre había en casa, y los que seguía comiendo cada mañana.

En la caja había unos zapatos diminutos, un antiguo Rolex con el cristal roto y unas letras grabadas TN y una carta. La sacó del sobre y empezó a leer:

Mi nombre es Claire Hardy, y ruego a quién encuentre esta caja que se la dé a Tom Hardy, mi hijo, que ahora tiene tres años, estos zapatos son suyos, los primeros que le compré cuando empezó a andar, gracias. Claire Hardy.

Dentro había otro sobre que Tom abrió sin pensar:

Querido hijo:

Te escribo esta carta porque quiero que sepas la verdad, me enamoré del hombre equivocado, quería a tú padre, pero a veces hay personas que se cruzan en nuestras vidas y no se van, él era Tom Nicholson, el médico del pueblo en el que pasábamos todos los veranos los tres juntos, seguramente lo seguís haciendo, me enamoré perdidamente de él, y por eso te llamas Tom, por favor lleva su reloj con orgullo porque él es tú verdadero padre y te quería, por eso quiso hacer lo mejor para ti, por eso renunció a ti.

Estoy segura de que papá lo estará haciendo de maravilla como todo lo que hace porque él es perfecto, pero por desgracia yo no lo soy.

Te ruego que me perdones, la enfermedad se me lleva demasiado rápido pero no me puedo llevar este secreto conmigo sin que lo sepas, papá lo sabe. Habla con él le costará recordarlo, le dolerá, pero os debéis esta conversación.

No te puedo querer más, mamá.

Él era Tom Hardy, y la mujer que escribió aquella carta era su madre. Cogió la carta y lo guardó todo en el petate. Su cerebro iba a mil por hora, eran demasiadas cosas en un corto período de tiempo. Ella sabía que tarde o temprano y gracias a aquella historia que le había contado sabría la verdad, que lista era su madre imperfecta y cuánto quería ahora a su padre, el único, el que le crió.


15 de septiembre de 2017

INVIERNO


Con el frío que ha llegado sin avisar que mejor que un relato de ficción que nos recuerde lo que se avecina,...espero que os guste.



Me despertaba por las noches siempre con la misma imagen, la extensión de nieve era infinita y a lo lejos se veía una casa de madera grande e imponente, o a mí me lo parecía por aquél entonces.

En el orfanato me vistieron con lo primero que encontraron, recuerdo que la mayoría de las prendas eran rojas menos la chaqueta de pelo que habría pertenecido a alguna niña rica que se había quedado huérfana como yo.

No recordaba la edad que tenía cuando llegué a aquél lugar, solamente que me habían tratado bien, el orfanato era un lugar gris y sucio donde niños y niñas compartían cama e infancia, siempre teníamos un plato de comida caliente pero lo justo para ir creciendo sin grandes alegrías.

El día que me vistieron de rojo supe que me iba pero siempre con la incertidumbre de no saber a dónde. Cuando el pequeño autobús del orfanato iba subiendo las montañas mis nervios de niña iban aumentando en proporción a la pendiente.

Cuando ya no se podía subir más, la Señorita Asunción le dijo a Pelayo el chófer:

- Pelayo no podemos seguir, la dejaremos aquí, la casa se ve a lo lejos y tiene unas piernas fuertes, podrá caminar sin problemas. Venga Renata es hora de marcharte, tú familia te espera en aquella casa.

Pelayo siempre había sido un buen hombre, siempre amable con todos nosotros, nos hacía trucos de magia para hacernos reír. Me cogió de la mano antes de bajar las escaleras del autobús:

-       Renata, corre hacia tú libertad, una familia te espera para hacerte feliz, y nunca nunca mires atrás ni siquiera para ver mis trucos de magia, vuela libre pequeña.

Borré aquella imagen de mi mente para no sentir pena, dejé en aquél lugar a muchos amigos a los que no volvería a ver jamás, cuando creces siendo de nadie aprendes a dejar de sentir, las cosas no te afectan como cuando tienes cerca a una familia que te quiere.

Encendí la luz de la habitación y mamá apareció en la puerta:

-       ¿Qué te pasa Renata? – tenía cara de preocupada porque no era la primera vez que venía en mi ayuda en plena noche.
-       Nada mamá vuelve a la cama, otra vez la misma pesadilla, se me pasará enseguida.

Aquella mujer y su marido, mi padre me habían devuelto la alegría cuando de niña aparecí un buen día de invierno en su puerta con una farol y un vestido rojo. Aquellas dos personas estaban deseosas de tener un hijo y yo llegué para eso, para entregarme en cuerpo y alma al amor que me procesaban, todo fue muy fácil porque yo no pretendí cambiarles ni ellos pretendieron cambiarme a mí, pasamos meses observándonos sin descanso para saberlo todo los unos de los otros, no hubo preguntas del pasado, solamente mucho cariño, amor y ganas de que aquella situación funcionase.


Y siempre funcionó. Me lo dieron todo, una buena educación, un hombro sobre el que llorar y ahora quince años después la oportunidad de seguir mi camino y marcharme a estudiar la carrera que siempre quise estudiar fuera de mi ciudad, fuera de mi país, lejos de mi familia.

Las pesadillas no eran otra cosa que miedo a volver a empezar de nuevo y otra vez sola. No tenía ni idea de lo que iba a encontrarme y eso me provocaba terror.
Respiré muy hondo, me tranquilicé, y pensé en cosas buenas aquél fue el gran consejo que me dio mi padre cuando las pesadillas empezaron, él con su voz aterciopelada un día me dijo:

-       Renata aunque te vayas y vuelvas a estar sola, siempre tendrás un lugar al que volver, el lugar en el que vive tú familia, tu preciosa casa de madera rodeada de nieve en invierno y de amapolas en verano, amapolas rojas como el vestido que te trajo a nosotros un buen día. Piensa en ello cuando te sientas sola,…


FIN










30 de agosto de 2017

FOTÓGRAFO




Más relatos de ficción a punto de acabar el verano,...


Abrí los ojos y todo lo que vi a mi alrededor era blanco. No recordaba dónde estaba ni lo que había pasado, la única imagen que tenía en la cabeza era una gran luz que caía sobre mi y nada más, aparte de un gran ruido y el pitido más molesto del mundo.

A los cuatro años creo que ya tenía muy claro lo que quería ser, siempre quise hacer lo mismo, en mi mundo siempre hubo cámaras de fotografía, mi abuelo las coleccionaba, mi padre las usaba y yo vivo de ellas, lo de ser corresponsal me vino más tarde cuando me cansé de fotografías estudiadas y posadas, me parecían demasiado fáciles, y quise ir más allá. Quise poner un poco de emoción en mi vida pero quizás no tanta.

No me sentía las piernas, estaba realmente cansado, en realidad no notaba ninguna parte de mi cuerpo, si me hubiesen dicho que era una cabeza solamente me lo hubiese creído.

De repente el blanco se tornó color carne y vi una cara morena con un pañuelo blanco que me miraba:

- Hola Sr. Carrasco ¿qué tal se encuentra? – me dijo en un perfecto francés, excepto por las dos erres de mi apellido, hubiese dicho que era francesa en lugar de iraquí.

- ¿Qué tal? – allí en aquella camilla no se me ocurrió decir mucho más. – pues aparte del hecho que no me siento ninguna parte de mi cuerpo, creo que estoy bien.

- Eso es por las medicinas que le hemos dado, ha sufrido un ataque, su cuerpo ha quedado completamente cubierto de metralla y estuvo más de cinco horas en el quirófano, los médicos hicieron un gran trabajo para que no pite en el control de los aeropuertos. – vaya me había tocado la enfermera graciosa, mejor así siempre he sido más de tomarme las cosas importantes a risa, es siempre la mejor opción.

Aquella mujer puso algo en el gotero que me transportó a un lugar muy lejano, cuando a los cinco años tuve claro lo que quería hacer con mi vida, un prado verde lleno de flores, un vestido rojo y la niña más guapa que nunca hubiese imaginado, yo le hacía una fotografía y alguien nos la hizo a nosotros, mi madre me decía años después que no entendía como podía estar tan obsesionado con ella, lo quería saber todo de ella y solía afirmar categóricamente que iba a ser mi mujer.

Hubo dos motivos por los que estudié Bellas Artes, la primera porque como se dice vulgarmente lo mamé de mi padre y la segunda porque una niña años después no quiso saber nada de mi. Me fui a París intentando dejar mi roto corazón por el camino pero por desgracia eso nunca ocurre, el corazón siempre nos lo llevamos con nosotros y me costó unos cuantos meses olvidar a la niña del vestido rojo que se llamaba Renata, por cierto.

Años después nos volveríamos a encontrar y entonces sería ella la que me buscaría y yo el que le daría calabazas, ya de corresponsal no quería saber nada de mujeres, tenía sed de aventuras, la sensación de miedo cuando las bombas caen tan cerca es indescriptible y sabes inconscientemente que el Pullitzer ronda cerca, nunca hice las fotos pensando en los premios pero siempre buscas superarte.

Un dolor intenso volvió a recorrerme el cuerpo, se me había acabado el medicamento del gotero y había vuelto a la realidad, con lo feliz que era yo viviendo sueños ya vividos, maldita sean las bombas, las armas y todo lo que mata.

 - ¡Enfeermeeeeraaaaaaa!




16 de agosto de 2017

ESTE PUESTO ES MIO


Seguimos con los relatos cortos de ficción para este verano,...

- Buenas tardes, mi nombre es Calixta y soy la Directora de Recursos Humanos de la empresa Cartoon, como todos sabréis, espero que esa sea la razón por la que estáis aquí – soltó una desmesurada carcajada para mí gusto – estamos buscando un Director de Marketing para nuestra compañía que si os habéis informado - mirada más repelente que la de la Srta. Rottenmeyer de Heidi – está en plena expansión internacional.

Después de esta extraña introducción nos pidió que uno a uno nos presentáramos, y a mí que me importa la vida del resto de aspirantes al puesto, no entendía nada, se tenía que ver las caras con un montón de gente extraña y encima con su último ligue que casualmente había postulado al mismo puesto que ella.

Héctor era solamente un ligue que había conocido en una discoteca hacía tres semanas, así que no iba a tener la más mínima compasión con él, no es que supiese muchas cosas de él, aparte de que era un crack en la cama y había estudiado la misma carrera que ella, pero esto último lo acababa de descubrir.

- Hola mi nombre es Renata y soy Licenciada en Marketing por ESADE. Vivo en Barcelona, estoy soltera – lanzó una mirada a Héctor que estaba justo frente a ella – y creo que soy la persona indicada para este puesto porque soy joven, me entusiasma mi trabajo, el marketing y no tengo ninguna atadura familiar, estoy disponible para viajar, tengo vehículo propio y hablo cuatro idiomas – supéralo chaval, bueno tú y el resto de pardillos que veo en esta sala.

- Hola mi nombre es Héctor y soy Licenciado en Marketing por la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos, he trabajado en  Multinacionales Americanas siempre como Director de Marketing, estoy casado - ¿¡Cómo!? – y tengo tres hijos  - ¡¿Perdona!? que me enseñan y me guían a través del Marketing Infantil, ellos son mis mejores clientes. Tengo total disponibilidad y hablo seis idiomas.

¿Pero cómo era posible? De las pocas cosas que sabía de él una era que tenía treinta años, aunque empezaba a pensar que le había tomado el pelo, treinta años y tres hijos, ¿que se había casado con 20? Madre mía se sentía como una auténtica estúpida, y tenía ganas de matar a aquél imbécil asqueroso, ¿quería jugar? Pues iba a conseguir aquél puesto fuese como fuese y después iba a mandar al carajo a aquél embustero asaltacunas.

- ¿Renata?¿Estás aquí? Chicos necesito que estéis concentrados porque sois muchos y no tenemos toda la tarde - que pereza de mujer.

- Perdone, ¿la pregunta era? – mierda Calixta concéntrate porque éste te quita el puesto, la dignidad y el orgullo – perdone son los nervios.

- Os he preguntado acerca de vuestros logros en las anteriores empresas en las que habéis estado, muy resumido, nombre de la empresa y logro, pim pam – te iba a dar yo pim pam, cursi más que cursi, y que semejante pava fuese la Directora de Recursos Humanos, si la cogían iba a ser su compañera que escalofrío.

- Empresa Mattel, Assitant en el Departamento de Marketing,…

- No no no, Renata por favor no me importa lo más mínimo el puesto que desempeñabas, empresa y logro, nada más, no perdamos más tiempo – la voy a matar.

- Perdón, pues como le decía Mattel, lanzamiento de un juguete inteligente que fue número uno en ventas en la Navidad del 2015 y empresa Disney, lanzamiento del nuevo logo de la compañía con un equipo de personas a nivel mundial.

- Bueno lo hemos conseguido, muy bien Renata aunque esto último no sé si es logro tuyo o del equipo de personas a nivel mundial – otra carcajada desmesurada vulgar y llena de maldad.

- Es tú turno Héctor – le soltó la cursi al hasta ese momento su ligue, la verdad es que estaba guapísimo con su traje impecable, su corbata y sus caros zapatos ingleses, supongo que para aparentar treinta años se había vestido como un jovencito, pero tenía que reconocer que con traje estaba mil veces más atractivo e interesante.

- Gracias. Bueno, logros hay muchos y no se si tenemos tiempo pero destacaré los que me hacen sentir más orgulloso, en FAO Nueva York, conseguí rediseñar la tienda por completo consiguiendo un aumento de las ventas del 46%. Y en la última empresa Pixar conseguí convencer a la Dirección del cambio de rumbo a nivel estratégico que debíamos aplicar a las películas futuras si no queríamos estancarnos. Con las últimas películas la compañía consiguió aumentar sus beneficios en un 66%.

Estaba a punto de vomitar, por fin se acabó aquella entrevista tan poco común, estaba segura de que no la iban a coger y por si le quedaba alguna duda mientras se dirigían a la salida oyó como la Directora de Marketing le decía a su ex amante en voz baja:

- Héctor, has estado fantástico el puesto es tuyo no lo dudes ni un momento, ¿crees que nos podremos ver este fin de semana?, ¿te puedes inventar algún viaje relámpago, me muero de ganas de pasar un buen rato contigo.

- Calixta por favor te pueden oír, no creo que pueda escaparme pero la semana que viene encuentro el hueco te lo prometo, lo tenemos que celebrar.

Será hijo de la gran,….buf. Hala me voy a casa a llorar unas mil horas y comerme unos cien helados de vainilla con cookies.